La Organización Meteorológica Mundial (OMM) prevé que las condiciones de El Niño se intensifiquen durante el trimestre de noviembre de 2026 a enero de 2027, con un máximo del calentamiento alrededor de diciembre. Su actualización estacional, publicada el 21 de octubre, sitúa la anomalía media prevista de la temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4 en aproximadamente +3,8 °C para ese periodo.
El número exige contexto. Niño 3.4 es una región del Pacífico ecuatorial utilizada para seguir este fenómeno. La anomalía describe la diferencia de la temperatura del mar respecto a su referencia climática. No significa que la temperatura media del planeta vaya a subir 3,8 grados ni que toda Oceanía vaya a experimentar el mismo cambio.
La OMM señala que los modelos de su conjunto de predicción muestran una dispersión generalmente reducida, lo que refleja una confianza alta en esa evolución oceánica. Sigue siendo una previsión, no una observación ya medida del trimestre completo. Tampoco permite adjudicar por sí sola una sequía, una inundación o una temperatura concreta a una isla determinada.
Un océano que ya acumula presión
El aviso llega sobre un fondo de calentamiento documentado. El informe de la OMM sobre el clima del Pacífico suroccidental en 2025, presentado en julio, situó ese año como el segundo más cálido de la región, solo por detrás de 2024. La temperatura media del aire, calculada sobre tierra y mar, estuvo unos 0,37 °C por encima de la media de 1991-2020.
Ese dato observado de 2025 y la anomalía prevista para Niño 3.4 miden cosas diferentes. No se pueden sumar ni intercambiar: uno describe el aire en una región amplia durante un año; el otro, la superficie marina de una zona ecuatorial durante un trimestre futuro.
El balance de 2025 documentó también olas de calor marinas que afectaron a casi toda la superficie oceánica del Pacífico suroccidental. Su extensión fue menor que la del año anterior, pero la más amplia registrada en un año sin El Niño, según la OMM. La organización considera preocupante ese antecedente ante el desarrollo de un episodio potencialmente fuerte en 2026.

Por qué importa a las islas y a las costas
Las olas de calor marinas son periodos prolongados de temperatura oceánica extrema. El informe recoge consecuencias para los corales, la pesca, la acuicultura y los bosques de algas. Entre ellas figuran el blanqueamiento de coral, las muertes de peces y cambios en la distribución de especies.
A esa presión se añade el nivel del mar. La OMM calcula una subida media regional de unos 3,7 milímetros al año entre 1999 y 2025. Es una tendencia de ese periodo y de esa región, no una tasa idéntica garantizada para cada costa ni una predicción anual de lo que ocurrirá a partir de ahora.
La combinación importa especialmente donde la alimentación, los ingresos y las infraestructuras dependen del océano. Pero el alcance de cada impacto necesita información local: el pronóstico global no sustituye a los servicios meteorológicos e hidrológicos nacionales ni a sus avisos para comunidades y sectores concretos.
Previsión estacional, no parte meteorológico
La actualización de la OMM resume las condiciones climáticas esperadas para tres meses. Sirve para preparar decisiones con antelación, no para indicar a qué hora lloverá o qué día llegará un ciclón.
El punto de partida de noviembre es, por tanto, doble: una previsión de intensificación de El Niño y un balance observado de presión sobre los ecosistemas marinos. Seguir las actualizaciones y los avisos locales permitirá comprobar cómo evoluciona esa previsión sin convertirla en un daño inevitable ni en una predicción del tiempo para España.
Fuentes
- Previsión estacional, OMM, 21 de octubre de 2026
- Balance observado de 2025, OMM, julio de 2026
- El atolón de Funafuti, Tuvalu, desde el espacio. Archivo, diciembre de 2002. NASA, dominio público. No muestra un impacto actual.
- Vista aérea de la Gran Barrera de Coral. Archivo subido en 2008. Foto: Nerdge, dominio público. No documenta el estado actual del coral.

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